Entre las características distintivas de la cultura valenciana, qué duda cabe que la música es una de sus claves más señaladas. Tanto, que el movimiento ciudadano enrolado en la formación musical es uno de lo más importantes del mundo, si se consideran los datos que repetitivamente se han venido dando a conocer a lo largo de muchísimos años.
Y es que cuesta trabajo encontrar algún pueblo de la Comunidad Valenciana donde no exista al menos una pequeña banda de música que lleva asociado el trabajo de instrucción y fomento de la práctica del arte.
Sin embargo, la Generalitat Valenciana que bajo el gobierno del PP tanto ha presumido de su impulso, acaba de dar un corte brutal a los fondos de subvenciones destinadas a la formación, difusión, producción y asociacionismo del mundo musical vernáculo.
A tal punto han llegado las cosas, que la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana, que agrupa a varios centenares de bandas, sociedades y conservatorios, ha llegado a decir en un comunicado que “después de los antecedentes de pasados contactos con miembros del Consell, el Gobierno Valenciano carece en estos momentos de credibilidad para los representantes de las sociedades musicales”, una frase que no esconde en absoluto el malestar creado por los recortes generados por la Generalitat, sin descartar movilizaciones y otras acciones de protesta que, si el Conseller de Gobernación, Serafín Castellanos, no lo remedia, serán la marca de este curso.
En la Safor, por ejemplo, el recorte implica una disminución de las ayudas de este año de un 57% respecto al curso pasado, lo que pone seriamente en duda la continuidad de muchos centros y escuelas de música, según lo expresaba con datos en la mano el secretario General del Bloc, Enric Morera, quien además acusaba al PP de que “con el recorte, este gobierno de pijos de derechas ha puesto en peligro los puestos de trabajo de 2.100 maestros de música, el futuro de un patrimonio que agrupa a más de 40.000 músicos y 60.000 alumnos”.
Eso sí, la política de relumbrón de la Generalitat por ejemplo, se ha gastado cantidades desconocidas de dinero en un edificio, el Palau de les Arts, supuesta sede de la ópera, que además de inundarse inoportunamente, con un escenario al que le da por hundirse cada tanto, es una de las peores salas de ópera de Europa ya que más del 22% de sus butacas son “ciegas”, es decir que quienes las ocupan no pueden ver total o parcialmente el espectáculo. Mientras tanto, se corta por lo más fácil, es decir por la formación básica de alumnado que ahora se verá sujeto a las aportaciones que puedan hacer sólo los ayuntamientos y las propias sociedades musicales, es decir, padres de los estudiantes.
Esto es lo que se llama dar la nota.
miércoles 1 de septiembre de 2010
Dar la nota
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José Arnau
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miércoles 18 de agosto de 2010
Turistas
El estudio realizado por la Universidad Politécnica de Valencia, encargado por la empresa mixta Gandia Protur, es un elemento al que habrá que darle la importancia que se merece, toda vez que es el primero de esta naturaleza, realizado con métodos científicos, que aporta una mayor claridad para la comprensión acerca de una de las ramas principales de nuestra economía.
Tal vez, la principal incógnita a despejar continúe siendo el peso específico de este sector, el de los propietarios de apartamentos en la playa de Gandia, respecto del total de visitantes, pero como bien se dice por uno de los profesores autores del trabajo “los datos hoteleros no siempre son aplicables a todo el turismo de la ciudad”. De ahí la importancia de este estudio que viene a poner negro sobre blanco, algunas evidencias hasta ahora no contrastadas del todo: por lo pronto el nivel de formación de estos visitantes es muy superior a la media del resto de veraneantes, igual que sucede con los ingresos medios declarados.
Otro dato singular es el del gasto medio diario por familia, unos 34 euros, bastante superior al supuesto hasta ahora y, sobre todo, la media de extensión y por lo tanto de ocupación de sus apartamentos es mucho más notable que la de otro tipo de turistas: prácticamente es un mes, la valoración más alta de permanencia que se conozca.
Si esto es así, la ruptura de algún estereotipo creado a lo largo de muchos años, es notable toda vez que algún lugar común hacía responsable a este sector de un muy reducido gasto, sin considerar tal vez, que la propia inversión realizada en la propiedad del apartamento, le hace ser “cautivo” del destino donde tiene la segunda vivienda.
Esta última consideración supone un cambio fundamental en la imagen que se tiene de este turista, al punto que las instituciones deberían ocuparse en profundidad de satisfacer y, finalmente, fidelizarlo aún más si cabe.
Del trabajo realizado con entrevistas de campo a turistas, agentes sociales locales del sector y discusión temática, se desprende otro dato fundamental: son el principal cliente del sector de la hostelería de la playa entre el público turístico, un dato que por sí solo, debería llamar la atención sobre el tipo de promoción que se hace a la hora de captar nuevos visitantes y consumidores.
Lo bien cierto es que el tan denostado “turismo de segunda residencia”, logra en este estudio un valor que hasta ahora no tenía en el imaginario público local, lo que sin duda constituye una buena noticia, pero aún más, la clave de buena parte de la industria turística local.
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José Arnau
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