miércoles 4 de noviembre de 2009

Va de planes

El Gobierno de España acaba de hacer público el nuevo plan de inversiones destinadas a los ayuntamientos, el Plan E 2 o en su versión más coloquial la segunda etapa del “Plan Zapatero” que introduce respecto al primero, ya en plena ejecución y a punto de finalizar, algunas variantes.
Para empezar, menos dotación económica que en su primera versión, la posibilidad de destinar un 20% de los fondos a gastos sociales, y mayor énfasis en los proyectos destinados a nuevas tecnología, innovación económica y medio ambiente.
Sea como fuere, la inyección a los municipios de la comarca de la Safor es sustanciosa, ya que serán casi 20 millones de euros los destinados a los municipios y que tendrán que estar mayoritariamente destinados a parados de larga duración.
El plan prevé inclusive que los anticipos a los municipios para la ejecución de los proyectos sean de hasta un 85% del total a diferencia del primer Plan E en cuyo caso el monto era de hasta el 70%, facilitando de este modo el desarrollo de los emprendimientos, que deberán estar concluidos en un año.
Dicho esto, se abre una nueva ventana para los ayuntamientos que, como en el caso de nuestra comarca, han generado una cifra cercana a los 1.300 empleos, con un problema añadido: acabadas las obras, el paro volverá a crecer.
Por esa razón el nuevo plan pretende que una buena parte del mismo esté dedicado a proyectos que puedan generar empleos una vez puestos en marcha, asegurando así una cierta continuidad en la ocupación.
Con este nuevo plan es de presumir que continuará la mejora de pueblos y ciudades con fondos estatales a la vez que se ayuda a empresas y trabajadores a superar, aunque sea en una mínima parte, la gestión de la crisis económica que nos sacude.
Mientras tanto, el contraste con el anunciado “Plan Confianza” de la Generalitat Valenciana, más conocido como “Plan Camps”, sigue donde estaba hace casi un año, es decir en la nada, porque a día de hoy apenas si se conoce que se hayan resuelto algunas inversiones en los municipios y, que se sepa, en la comarca aún no se ha iniciado ninguna de las obras prometidas.
Al respecto, una vez más, habrá que decir que existe todo el derecho a pensar que se trata de otro “bluff” propagandístico. A juzgar por lo que se sabe, sólo existen fondos para algunas obras menores en ayuntamientos pequeños que se podrán realizar... a lo largo de tres años.
Ojalá el propio Presidente Camps cambie de idea y ahora impulse decididamente lo que prometió en su día. Ojalá seamos unos agoreros y estemos equivocados. Ojalá...

jueves 29 de octubre de 2009

Defensa de la política

Las noticias vinculadas a presuntos casos de corrupción en el ámbito de la política estatal, autonómica y municipal, que van sucediéndose como un goteo casi diario en el escenario español, suponen el grave riesgo de la “igualdad” de todos quienes se dedican a esta noble empresa para el común de los ciudadanos.
Una cosa es cierta, pese a todo lo visto estos días: la justicia funciona, y lo hace dentro de los tiempos y las limitaciones que le impone la propia ley en cuanto a tiempos y garantías.
Por lo tanto, lo primero a deducir de lo que se conoce es que el sistema no falla y que será la propia justicia la que dirá su última palabra llegado el momento.
Pero el tema de fondo no es otro que algunas conductas personales de quienes ocupan cargos políticos en partidos e instituciones tengan una apariencia deshonesta y cuando menos, filo delictiva.
Frente a esta situación, que últimamente desborda la información de los medios de todo el país, habrá que decir con claridad aquello de “quien la hace, la paga”, y que en todo caso vale la pena romper una lanza en favor de la política y de los políticos. Porque sin duda, son más, una inmensa mayoría de personas dedicadas al servicio público, las que día a día inician, desde los ayuntamientos hasta el gobierno central, una tarea muchas veces más ingrata, limpia y dificultosa que lo que cierta propaganda antidemocrática pretende hacer creer.
En política se está por decisión propia, es verdad que a nadie obligan a representar a sus ciudadanos, pero esta misma conducta hace mucho más valorable el ejercicio de esa representación, más allá de aciertos y errores, tanto en los gobiernos como en la oposición a los mismos, por lo que supone de vocación por cambiar las cosas.
Pero, aún así, el peor error en que pueden caer los partidos, como se está viendo en algún caso concreto, es negar la mayor, el lamentable “cierre de filas” ante las evidencias de las actuaciones judiciales por más que en la mayoría de los casos no hayan finalizado las actuaciones, pero de las que se desprenden suficientes argumentos como para actuar de manera radical contra quienes aparecen en los sumarios.
Es verdad que no todos están reaccionando del mismo modo, ni argumentando mayores falsedades que las ya conocidas, pero aún así el flaco favor que se le hace a la democracia y a la política en sí entraña el mayor de los riesgos: una mayor desafección de los ciudadanos por sus dirigentes o, peor aún, la irrupción de algún iluminado con “soluciones milagrosas” más propias del fascismo.
Defender la política, de eso se trata, y de que los políticos actúen en consecuencia.