La decisión adoptada en su día por el Ayuntamiento de Gandia de realizar un crucero charter por una “ruta de los Borja”, se ha revelado en su concreción como una idea a la que no se ha dado una organización equivalente a su proclamada importancia.
La suma de detalles, pequeños y de los otros, que han fallado es demasiada como para obviar que la mayoría de los viajeros embarcados han vivido con una cierta decepción la oferta que se les realizaba. Por cierto, el Gran Holiday es propiedad de Iberocruceros, una compañía mediocre plagada de reclamaciones de cruceristas según se consulte cualquier página web dedicada a estos menesteres.
Desde el embarque, realizado de manera improvisada en Valencia después de unas pobres excusas sobre la fuerza del viento que soplaría en Gandia a la hora prevista de salida, hasta la llegada tres horas después de lo previsto desde Barcelona, hasta las actividades temáticas con escasa asistencia de público salvo alguna excepción. Para remate de la historia, la llegada tardía de unos 250 gandienses para la Audiencia General de los miércoles del Papa, con el colofón del total silencio de Benedicto XVI a la figura de los Borja resuelta con una bienvenida a los “peregrinos de Gandia”, unos más entre el extenso listado de grupos presentes en la Plaza de San Pedro.
Puede que este resumen no sea del todo justo con lo sucedido a bordo de este barco, pero desde su génesis el viaje ha tenido un más que pobre planteamiento cuyos resultados saltan a la vista, restando ahora el más que seguro enfrentamiento político que se sucederá con el pedido de explicaciones a la organización municipal.
A esto se agrega la nula importancia que se le dio a la prensa invitada al viaje, a quienes se dejó sin comunicación con sus redacciones durante 36 horas, además de otras minucias como tener que improvisar una sala de prensa en el Alguer ante la demanda de los periodistas o como no haber previsto acreditaciones para algún medio en la zona reservada a la prensa en la Plaza de San Pedro.
Por lo demás, las promesas de los embajadores españoles ante la República de Italia y la Santa Sede “de trabajar en el futuro para apoyar iniciativas de este tipo” no dejan de ser un escaso saldo de la promoción de Gandia en Roma.
Sea como fuere, seguramente habrá quien haya disfrutado del viaje por que simplemente se dedicó a hacer lo que toca en este tipo de viajes, es decir, aprovechar las escalas para hacer turismo por su cuenta (el precio de las excursiones “oficiales” del barco era prohibitivo) y aprovechar las instalaciones y actividades propias de un crucero.
Sobre todo, aquellos que compraron su billete a última hora a precios de saldo en flagrante agravio comparativo con quienes se apuntaron desde el primer momento.
jueves, 14 de octubre de 2010
Un pobre crucero
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José Arnau
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miércoles, 6 de octubre de 2010
Feria y TV
La ciudad ya está acostumbrada a que su “Fira i Festes” sea en sí misma una demostración de participación cuya principal ancla está situada en la oferta que brinda al público. Y este año no sólo no ha sido una excepción, sino que probablemente sea lo único que pueda echársele en cara: que los espacios físicos se quedan pequeños para atender la demanda de miles de personas, al punto que quizás haya sido esta edición la más participativa de la historia.
Pero en todo caso, esa misma habituación lleva a que la sorpresa salte en el momento menos esperado y de esos, esta feria de Gandia ha tenido muchos: sin duda, el más espectacular de todos, la actuación de “Comediants” que con su obra “Dimonis”, dejó en la ciudad el mejor “correfocs” de todos los tiempos al que el público respondió con una asistencia masiva a una demostración de altísima calidad teatral, por contenido y escenografía.
Y después, la calle con un maremágnum de acciones artísticas de primer nivel, cuál de ellas más curiosa, sin dejar para nada el espacio de las plazas, a tope de público para seguir la música o los bailes étnicos, los espectáculos “retro”, o los más avanzados. Una mezcla casi perfecta de oferta, donde tal vez la única discusión se centre en la falta de conciertos de primera fila para la gente más joven, sabedores de que en época de crisis, no se está para unas pocas contrataciones millonarias que obliguen a disminuir la oferta general.
Ciento cincuenta y dos actuaciones para más de 150.000 personas en cuatro días no parecen números menores, en un año que el 500º Aniversario de Sant Francesc de Borja marcaba algunos de los principales contenidos de la fiesta.
Pero en medio de todo este panorama, la nota desagradable, preocupante y hasta miserable, la dieron quienes, ignorantes de la democracia y el derecho, boicotearon la señal de Gandia TV en TDT, privando a miles de televidentes de su oportunidad de asistir en directo a la Feria. Las implicaciones jurídicas y hasta penales que pueda tener este asunto, se verán en los próximos días, pero no parece que ni el Director de Tele 7, Pepe Codina, ni su mentor, Arturo Torró, hayan tenido agallas suficientes para aclarar la denuncia de que la señal que interfería GTV, partía de su poste de emisión en el Mondúver.
Por mucho que se empeñen en desviar la atención, el hecho cierto es que se asistió a un acto de piratería cuya naturaleza misma da cuenta del talante profundo que anima a una empresa privada que alguna vez tendrá que explicar por qué oculta a su verdadero propietario haciendo cada vez más sospechoso su exacto objetivo. Y también el silencio de algunos otros.
La feria un éxito, lo otro, un acto miserable.
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José Arnau
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