Esta misma semana la totalidad de concejales del Ayuntamiento de Gandia cumplía con la resolución del plenario por el cual se obligaban a presentar sus declaraciones de renta, bienes y patrimonio, así como la de sus cónyuges. El último en hacerlo fue el portavoz del Grupo Popular, Arturo Torró, quien declaraba unos ingresos en 2009 de casi 148.000 euros.
En realidad toda la polémica la generó el propio portavoz del PP, quien hace un mes puso en duda la “transparencia” del Alcalde de Gandia, que había publicado por segundo año consecutivo su declaración de renta, reclamándole que también hiciera pública la declaración de “su señora”.
El mismo día del plenario Orengo daba a conocer el documento de su esposa, la periodista María Fuster, tras lo cual el PP se descolgó con la solicitud de que fueran todos los miembros del gobierno municipal y sus cónyuges quienes hicieran pública su declaración de renta ante Hacienda.
Una enmienda presentada por el PSOE, aprobada por PSOE, PP y Bloc, con la oposición de Plataforma de Gandia, extendió tal obligación a la totalidad de concejales del Ayuntamiento de Gandia, con lo que “huida hacia adelante” de Torró ha provocado que finalmente cualquier ciudadano pueda conocer no sólo los ingresos de los concejales y sus cónyuges, sino también su declaración de bienes, patrimonio, participaciones en empresas, etc.
Así las cosas, la solución adoptada va mucho más allá de lo que hasta ahora era preceptivo según la ley, que los cargos electos declararan ante el Secretario General Municipal sus bienes al comienzo de la legeislatura y al final de la misma.
Pero lo que subyace en toda esta cuestión es lo verdaderamente preocupante: la insistencia de la rumurología, la insidia y hasta la calumnia con que un grupo político, el PP, ha venido utilizando respecto de sus adversarios, eso sí, exhibiendo medias verdades o filtrando supuestas situaciones personales y familiares tal como denunció públicamente el Alcalde.
Y en este plano, las palabras de Fernando Mut, líder de Plataforma, son esclarecedoras: “en 12 años en los que he trabajando en el ayuntamiento, una situación como ésta, no se había producido nunca. Poner en duda la honestidad de las personas es deplorable”. Tras lo cual, aún votando en contra del acuerdo, señaló que “seré el primero en cumplir con mi obligación”.
De la génesis de este episodio se desprende a las claras quién ha estado jugando con fuego, y en ese sentido viene muy bien la frase que decía aquello de que “el inventor de la pólvora, murió quemado”.
Lo peor de todo es que el asunto no parece cerrado ni mucho menos.
jueves, 12 de agosto de 2010
El inventor de la pólvora
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José Arnau
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jueves, 5 de agosto de 2010
Empresa y tranvía
El anuncio del Gobierno Municipal de Gandia sobre la creación de una nueva empresa mixta que se ocupe de los servicios públicos de la ciudad, que se verá seguramente reafirmado con el inicio del trámite en el plenario extraordinario de hoy viernes, constituye un paso a todas luces interesante en la forma de prestar esos servicios a la población.
Se asegura por parte del gobierno que tal idea, podría llegar a rebajar los costes de las diez contratas que se incluirán en el objeto social de la empresa en un 15%, a la vez que se pone el acento en la mejora en la prestación, así como en la modernización de esos servicios.
Sea como fuere, desde el punto de vista de quienes creemos en la necesidad de lo público frente a la privatización rampante que se ha instalado en toda Europa en los últimos 15 años, no acaba de casar la idea de que en la futura empresa, el Ayuntamiento de Gandia, no tenga la mayoría suficiente para imponer su criterio societario, a menos que en los datos que desconocemos (y que se sabrán una vez se abra el concurso para optar a formar parte de la misma) existan razones sobradas (grandes inversiones por ejemplo) para elegir ese camino.
No obstante, la idea en sí no parece mala en tanto y en cuanto apunta a reunir bajo el mismo paraguas todas aquellas cuestiones que hoy funcionan por separado y que tienen un denominador común: servicios al ciudadano como son la recogida y tratamiento de basuras, mantenimientos varios como el mobiliario urbano, parques y jardines, alumbrado público etc.
Si lo que se está pensando es en una economía de escala y su consiguiente mejora en efectividad y precio, no habrá que darle más vueltas, siempre y cuando las salvaguardas de aspectos cruciales como son la conservación de los puestos de trabajo y los derechos adquiridos, estén claras.
La otra cuestión, el tranvía, parece encaminarse a una solución concesional por cuarenta años, que permita a la ciudad contra con un servicio de transporte que vincule la playa, desde su final, hasta el centro de Gandia. Una obra, convengamos, cuyo coste hoy por hoy sería inasumible para las arcas públicas más allá del primer tramo subvencionado por la Generalitat Valenciana.
Quien gane la concesión estaría obligado a su vez, a la construcción, mantenimiento y explotación del transporte por ese lapso de tiempo. Ahora depende de las características que el Ayuntamiento queira darle a esa concesión, de su coste ... y de su rentabilidad.
Eso sí, si finalmente hay adjudicatario y la obra comienza, Gandia dará un salto definitivo en su desarrollo urbano.
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José Arnau
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